Escuela historicista. Posiblemente española. Principios del siglo XIX.
“1741: Arresto del santo obispo dominico Sanz y Jordá y cuatro compañeros frailes por las autoridades imperiales chinas, antes de ser martirizados”
Óleo sobre tela.
62 x 86 cm.
Preciosa y detallada captura del momento en que las autoridades imperiales chinas arrestan a este santo dominico obispo y a sus compañeros en el año 1741. Muy probablemente un encargo dominico para ser albergado en una casa de la orden y ayudar con su contemplación a mover a devoción: ser enviado a predicar allá donde fuera necesario, con defensa de la fe, pese a las tribulaciones posibles.
Pedro José Sanz y Jordá, O.P., o San Pedro Mártir (Ascó, Tarragona, 1680 - Fuzhou, China, 1747) fue un sacerdote catalán de la orden de los dominicos, enviado como misionero a China.
En 1698 profesó votos en la Orden de Predicadores en Lleida, y ordenado sacerdote en 1704. Después de trabajar en Zaragoza, Sanz se ofreció como voluntario para ir a misiones y fue aceptado para ir a China. En 1713 llega a Filipinas y allí estudia dos años el idioma chino. Desde allí parte para China con un pequeño grupo de frailes, con un amplio ministerio que duró más de 30 años. Consagrado como obispo en 1730, en la sede titular de Mauricastro, trabaja incansablemente y no deja de predicar.
En 1741, año en que está ambientada nuestra obra, fue arrestado junto con cuatro frailes. Sufrieron tortura y un largo cautiverio en Fuzhou. Allí será decapitado en 1747. Un año más tarde serían ejecutados sus cuatro compañeros: los santos misioneros dominicos Serrano, Díaz, Alcober, y Royo), tras ser sometidos a interrogatorios brutales, torturas y condiciones de prisión infrahumanas, cargados de cadenas y grilletes.
Fue declarado mártir y canonizado por la Iglesia Católica en el año 2000 por San Juan Pablo II.
Nuestra obra muestra, como si de una captura fotográfica se tratara, la recreación de este gran hecho histórico religioso no sólo para la orden dominica, sino para toda la Iglesia, con el martirio de un grupo de sus fieles. Con un tono de idealización, con serenidad, esperanza, confianza, misticismo de miradas orantes al cielo y aceptación de la voluntad divina en el momento del arresto, y adentrándose en el Romanticismo, sigue los cánones de la pintura académica de la época.
Al centro, el obispo Sanz y Jordá mirando al cielo y orando, de donde le viene la fuerza y su honda fe; a sus lados más inmediatos, los padres Serrano, Díaz, Alcober y Royo, con las cadenas que portaron, cañas con las que los martirizaron, espadas de tortura y martirio. Presentes también en la escena, dignatarios imperiales chinos que miran al cielo, otros charlan entre sí comentando el horror de lo que ven o burlándose de los ajusticiados; también, fieles cristianos chinos que siguen sus enseñanzas.
Un fondo dorado limpio de paraíso, en amarillo suave, que habla de luz, de Dios y de la esperanza luminosa que los envuelve. Justo encima de los congregados, nubes oscuras y cerradas, del momento horrible que se cierne. Rostros que muestran las distintas actitudes ante tan trágico acontecimiento.
Pinceladas perfectas, de mucho virtuosismo, muy atentas al detalle para recrear al máximo el evento reflejado, con una composición muy estructurada y un gran formato apaisado, típico de la pintura académica de la época.