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Escuela virreinal. Cuzco. Siglo XVIII. 
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Escuela virreinal. Cuzco. Siglo XVIII. 

LOTE 59

Escuela virreinal. Cuzco. Siglo XVIII. 

Estimación
9.500 € / 15.000 €

Escuela virreinal. Cuzco. Siglo XVIII. 

"La exaltación de la Eucaristía"

Óleo sobre tela. 

150,5 x 106 cm.

Importante pieza pictórica, con los característicos trazos naífs de la pintura cuzqueña, muy parangonable a la obra actualmente existente en la sala 6 del Museo Pedro de Osma de Lima. En ésta aparece Santa Rosa de Lima con rostro encendido (aquí sustituida por una columna o pilar) que sostiene sobre ella la Custodia, haciendo una defensa con su propia vida de la Eucaristía y la presencia real de Jesús en ella.

Se trata de una escena profundamente simbólica o alegórica, con dos planos diferenciados: Cielo y Gloria, por una parte, irrumpiendo iluminados en un mar de nubes con la Santísima Trinidad que casi abraza la Custodia que se funde en su espacio; y la Tierra, por otra, donde habitan reyes, potestades y dominaciones, cristianos e infieles, que se rinden en adoración y respeto a ella.
Con un marco de época profusamente tallado en palmetas y hojas (sin dorar), contemplamos, pues, la Exaltación y Defensa de la Eucaristía, tema muy recurrente de los siglos XVII y XVIII.

En el cuadro del Museo mencionado aparece Santa Rosa, la primera santa limeña canonizada en el continente americano durante el reinado de Carlos II (quien aparece en ambas pinturas en el lado izquierdo blandiendo una espada), convertida en emblema del fervor católico y de la resistencia espiritual americana. La Santa aparece como la defensora ortodoxa, tridentina, de la Eucaristía, combatida en España por protestantes, alumbrados, moros y judíos.
En ambas obras se ve, a la izquierda, al joven rey de España Carlos II (1661-1700), espada en mano, con su corte, frente a unos moros, judíos e infieles, a la derecha, que intentan derribar la custodia.

Hay otras obras virreinales -anteriores a éstas- como la serie del Corpus Christi pintada a finales del siglo XVII para la iglesia de Santa Ana, que son el testimonio pictórico e iconográfico más completo de la fiesta barroca en el Perú virreinal, donde figuran varios nobles incas o curacas con sus tocados e indumentarias reales, que descubrían sus cabezas en señal de respeto a la Eucaristía, y de lealtad a la Casa de Austria.
Para la Casa de Austria española, de hecho, la defensa de la Eucaristía tenía profundos visos políticos. La Sagrada Forma “encarnaba el sentido providencial de su monarquía”, así lo recordaba Juan de Solórzano Pereira (1575-1655), oidor de la Real Audiencia de Lima y fiscal del Consejo de Indias.

Este sentido providencial se ve reflejado en nuestra obra. Simbólicamente, podemos ver a los pies de la columna central en la que posa la Custodia, un orbe, coronado con cetro y corona real, que nace a los pies del tronco y el fundamento que le da vida y sentido (Custodia-Providencia) a esta monarquía. Cuenta la leyenda que desde su fundador, el conde Rodolfo de Austria (1218-1291), que asistió ayudando a un sacerdote que caminaba con una custodia en sus manos, sentándolo en su caballo y llevándolo como si de un siervo se tratara, éste clérigo profetizó que “la Casa de Austria, por su respeto a la Eucaristía, dominaría el mundo entero”.

Una obra realizada para una casa consistorial, rico terrateniente o incluso espacio religioso, donde se tipifica el sentido ortodoxo de la doctrina que traían los españoles con sus Reyes, el ordenamiento casi jurídico de ese Protectorado que fluía sobre aquellos que “siguieran y profesaran la vera doctrina”.

En las figuras destaca el detallismo y riqueza en las vestimentas, brocados y bordados de todos los personajes, y la presencia, en el extremo inferior izquierdo, de un tímido león hispánico tras el Rey, a sus pies, como aparece en otras diversas representaciones, como la atribuida a Sebastián de Herrera Barnuevo, representando la fuerza de la monarquía española, el poder, la fortaleza y la valentía del rey, frente a sus enemigos.