Escuela virreinal. Perú. Siglo XVII.
"Virgen de Belén con santos, fieles y donantes"
Óleo sobre tela. Fechado en 1649. Iniciales "E. T." No identificadas.
86 x 124 cm.
Con un estilo propio y mestizo, sin abandonar las influencias europeas reproduciendo modelos de grabados (colocación de monjas -alguna santa-, fieles y donantes a derecha e izquierda, junto al montaje de un altar fingido), este autor peruano desconocido que responde a las iniciales E. T en el mantel del altar, fecha su obra en 1649. (“Cuadro de 1649"). De muy rico colorido y detalladas decoraciones, muestra la adoración de la Virgen de Belén.
Determinamos que su autor es peruano por el modo tan primitivo de pintar, muy naíf, alejado del pincel europeo, con mucha gracia y detalle. Refleja la fiesta y adoración de esta Virgen que podría estar en el interior de su capilla mariana con lámparas de araña colgando y arco de piedra, o bien en el portón principal de la Iglesia que albergaba dicha imagen. Un espacio religioso con su altar y alfombra, ricamente decorado para el momento de fiesta religiosa que viven.
La historia de esta virgen en Perú se remonta al siglo XVI, cuando una imagen de la virgen fue encontrada flotando en el puerto del Callao. La imagen fue enviada al Cuzco, donde se le dio el nombre de “Mamacha Belén” y la iglesia que la acogió cambió su nombre actual a la actual de Iglesia de Belén. Su llegada se consideró un milagro y desde entonces se le atribuyen diversos milagros, como lluvias durante sequías y la protección contra epidemias.
Entre los presentes al acto religioso, destacan señoras principales vestidas como monjas, religiosas y dos monjas coronadas con flores por ángeles. Son Santa Rosa de Lima (1586-1617), terciaria dominica mística que gozó de gran devoción popular y fue canonizada en 1671; y Úrsula de Jesús (siglo XVII) que ingresó en el monasterio de Santa Clara como esclava, pero su profunda fe y espiritualidad le ganaron la consideración de muchas personas, quienes la veían como una figura de santidad. Todos los fieles y asistentes rezan el rosario ante la venerada imagen y dos donantes, muy humildes y minúsculos, se hacen presentes a derecha e izquierda, de rodillas y cabeza descubierta; son quizás los que financiaron y encargaron dicha obra.
Un cuadro importante que completa la historia de Perú del XVII con esta nueva ventana, donde vemos la interacción cultural entre los conquistadores y la población nativa, que dio lugar a una nueva identidad cultural mestiza, que se reflejó en el arte, pues los artistas indígenas y mestizos fueron asimilando las técnicas y temas europeos, pero incorporando sus propias tradiciones y visiones del mundo.