Atribuido a Nicola Fumo (Saragnano, Baronissi, 1647 - Nápoles, 1725)
"San José con el Niño"
Escultura en madera tallada, dorada y policromada. Circa 1700.
65 x 29 x 27 cm.
El magnífico San José con el Niño que aquí se presenta constituye una auténtica joya de la escuela napolitana, cuya autoría puede asignarse al prodigioso y prolífico escultor Nicola Fumo (1647-1725), uno de los grandes maestros del barroco partenopeo, junto a Giacomo Colombo. En esta obra se condesan las características más representativas de aquel extraordinario foco escultórico: la práctica de la escultura en madera policromada -material mucho más habitual en Italia de lo que tradicionalmente se ha afirmado, puesto que suele creerse que la escultura italiana se realizó casi exclusivamente en mármol-, el dinamismo de las composiciones, así como el refinamiento en los acabados. Cada una de estas características se manifiesta en la producción de este maestro y, por extensión, en la presente escultura.
Nacido en el seno de una familia especializada en las artes de la madera, Nicola Fumo se formó en el taller del célebre escultor Cosimo Fanzago. A lo largo de su brillante y fructífera carrera recibió numerosísimos encargos tanto desde Nápoles como desde España -tal fue su fama que, en 1689, Carlos II le distinguió con el título de “escultor del Rey”-, donde aún hoy se conservan infinitas obras documentadas y atribuidas al escultor, especialmente en conventos y comunidades religiosas, que solían recibir estas piezas como donaciones de nobles y personajes acomodados. Es muy probable que este San José con el Niño siguiera una práctica similar, como ocurrió con otro San José con el Niño (1705) de similar factura y con el que comparte numerosas concomitancias estilísticas, conservado en el Museo Conventual de las Carmelitas Descalzas de Antequera (Málaga). Aquella obra fue donada junto con una Inmaculada Concepción en 1774 por sor Francisca de Santa Teresa.
Amable y refinado, este grupo escultórico representa una escena íntima y llena de dulzura en la que el Padre lleva en brazos a su Hijo, al que sostiene y acaricia una de las piernas. San José aparece concebido como un hombre joven y vigoroso, en actitud de marcha mediante un suave contrapposto que le confiere dinamismo. Su rostro idealizado irradia bonhomía y hondura espiritual. Las facciones, modeladas con finura, presentan una suave blandura en las mejillas y en la frente. Los ojos, grandes y almendrados, realizados en tapilla vítrea, la nariz alargada, la pequeña boca entreabierta de finos labios, y la barba de escaso resalte conforman una fisonomía de gran nobleza, realzada por una cabellera de mechones rizados. Viste una túnica azul claro, de tono plano, ceñida y decorada únicamente con una fina cenefa dorada de motivos vegetales estilizados alrededor del cuello y de las mangas, las cuales se doblan hacia afuera. Sobre ella, se dispone un manto de color marrón al exterior y verde al interior, recorrido por numerosos pliegues agudos que aportan dinamismo a la composición.
Por su parte, el Niño Jesús, duerme plácidamente con la boca abierta en brazos de su Padre. Apoya la cabecita en su propio brazo y, a su vez, sobre el hombro paterno. Su cuerpecito rollizo está velado parcialmente por un paño blanco. La cabeza, de cabellera ensortijada, es un prodigio técnico y presenta unos rasgos faciales similares a los de su Padre, a los que hay que sumar los pómulos rosados abultados.
La obra destaca por su extraordinario virtuosismo técnico en el tratamiento de la madera, perceptible tanto en la finura que logra en los pliegues de las vestimentas como en la concepción de los mechones del cabello. El grupo responde al gusto preciosista y delicado propio del espíritu dieciochesco, ya insinuado en algunas obras “vanguardistas” de finales del siglo XVII que anticipaban el estilo rococó, incluso en la suavidad de los colores empleados en su policromía. En determinadas obras, especialmente de su última etapa, Fumo se inspiró en algunas composiciones de Luca Giordano, algo que también se advierte en el presente San José con el Niño, donde el típico físico del santo evoca el que el célebre pintor utilizó en diversas ocasiones en sus lienzos.
Agradecemos a D. Javier Baladrón, doctor en Historia del Arte, por la identificación y catalogación de esta obra.