Escuela hispanoflamenca. Siglo XVII.
”Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”
Óleo sobre cobre.
35,5 x 51 cm.
Pintura barroca didáctica y moralizante del pasaje bíblico de los Evangelios sinópticos Mateo 22:21, Marcos 12:17 y Lucas 20:25 que refleja la cita bíblica pronunciada por Jesús: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, cuando los fariseos y herodianos se le acercan para preguntarle y pillarlo —sabiendo que la mayoría de los judíos se oponían a este impuesto— si era lícito pagar tributos al César. Jesús usó este momento para responder a quienes intentaban tenderle una trampa sobre el pago de impuestos al emperador romano, y en ella estableció la distinción entre las responsabilidades civiles temporales y los deberes espirituales hacia Dios.
Con una emoción contenida, su autor pinta con claridad y razón un pasaje bíblico concreto muy del arte grecolatino y neoclásico en la composición de figuras, túnicas y edificios clásicos, con una clara fuerza catequética, promoviendo la virtud y el heroísmo en una respuesta simple y concreta a través de este pasaje bíblico.
Jesús les pidió que le mostraran una moneda de tributo (un denario) y les preguntó, extendiendo su brazo, de quién era la imagen y la inscripción que llevaba.
Al escuchar que la imagen era del César, Jesús respondió con esa frase contundente que posee, internamente, dos partes bien diferenciadas: la primera parte se refiere a la obligación de los ciudadanos de cumplir con sus deberes terrenales y las responsabilidades civiles, como era el pago de los impuestos; la segunda parte enfatiza que Dios era el soberano último y que todo ser humano le pertenece. La autoridad humana, decía Jesús, es limitada y los ciudadanos deben recordar su lealtad a Dios y su ley que está por encima de cualquier ley humana.
Y ante esa trampa farisaica, Jesús responde con equilibrio entre esos dos reinos: se debe honrar la autoridad civil sin descuidar los compromisos espirituales.
El autor pinta una escenografía casi teatral, con cortinaje a la derecha a modo de telón, y que se corre para mostrarnos la escena bíblica concreta: Jesús como cordero místico que se prepara para su hora destaca y se impone en el centro de la misma con ese rojo carmesí de su túnica, frente al resto de colores más ocres y fríos de los presentes, con un rostro inquisitivo frente a las caras de los curiosos civiles y de autoridades, a las de los otros expectantes, temerosos e incrédulos discípulos que lo acompañan, con San Pedro a su derecha.
Una composición ordenada y simétrica, que busca armonía y proporción y que pretende mostrar la solemnidad y grandeza de la respuesta equilibrada que da Jesús.