Círculo de Michel Coxcie (Malinas, Bélgica, 1499 - 1592)
"Jesús con la cruz a cuestas, camino del Calvario"
Óleo sobre tabla.
69,5 x 53 cm.
Al dorso presenta documento con un texto manuscrito escrito en gótico cortesano y sellado con doble lacre, que a continuación reproducimos:
"[...] quando más menester / sean, e desta presente vida partieren; e por esta carta d[oy a] / dichos mis albaçeas, a anbos a dos, juntamente, e a cada vno / dellos por sý, yn solidum, para que ellos por sý mismos e /por su propia abtoridad, e syn licencia e syn mandado de / alcalde nin de nin de juez nin de otra persona alguna, e syn [...] / [...] e syn juicio e syn pena e syn calumnya alguna; e / sy pena o calumnya ý ouiere, que toda sea e corra / contra los dichos mis bienes, e non contra ellos nin contra algo / suyo; e puedan entrar e entren a tomar e vender e rematar, e / entren e tomen e vendan e rematen a tanto quanto [...]"
El texto corresponde a las cláusulas finales de un testamento. Son frases formales que se incluyen siempre. En este caso, para que cualquier gasto que haya se cargue a su patrimonio y no al de los albaceas que ha nombrado, además de autorizarles a repartir libremente sus bienes (del testador). Por la letra y algunos rasgos, deducimos que es de mitad del siglo XV. El símbolo "[...]" corresponde a zonas que están cortadas o que directamente no se pueden leer.
Pasión y devoción son las palabras que definen esta minuciosa obra, de extrema calidad, muy dentro del Renacimiento español. Una tabla devocional que bien pudo pertenecer a un retablo en conjunto con otras de la Vía Dolorosa (por sus dimensiones), y que hiciera su autor para una capilla u oratorio privado, o bien exenta, como obra aislada, para la divina contemplación del anhelo de algún burgués devoto y su colección privada.
Su autor destaca por su virtuosismo pictórico, la calidad técnica, la factura tan cuidada de cada pincelada, la carga emocional que consigue mediante su fondo negro e intenso frente a la iluminación de la figura central muy escultórica, y que el autor nos acerca como espectadores.
Encontramos evidente la influencia flamenca comparándolo al “Jesús con la cruz a cuestas” de Michiel Coxcie (Malvinas, Bélgica, 1499-1592), pintado entre 1545-1555 sobre tabla. Con mayor o menor número de personajes, nuestra obra y la de Coxcie presentan un rostro sereno muy similar, con la misma mirada baja, abrazando la cruz, el uso de luces (en nuestra obra muy apagadas por los barnices virados, aunque se aprecian perfectamente en el estudio con infarrojos que presentamos) que refuerzan el patetismo de la obra (fondo oscuro como en la nuestra).
Coxcie logra, como nuestro autor, que el rostro de Cristo quede situado estratégicamente al centro de la composición, destacándolo mediante una fuerte iluminación (aquel vestido de oscuro, nuestro Cristo de dorado ocre).
La importancia de esta obra nos llevó a hacerle un estudio a fondo con especialistas, las imágenes del Licenciado en Historia, especialista en técnicas de fotografía, D. Pascual Mercé, con imágenes y estudios en infarrojos, y de entre sus conclusiones detallamos las siguientes:
- Sombreado y líneas de dibujo seguramente con pincel en párpado y ojos.
- Se aprecian las líneas de dibujo que definen las ondulaciones de los cabellos.
- Silueteado en los dedos.
- Gran finura en el trazo de los cabellos, observable debajo del barniz.
- Líneas de dibujo que definen las ondulaciones de los cabellos.
- Trazos y líneas definen el bigote.
- Toda la imagen presenta sombreados realizados con gran técnica.
- Detalles de la zona de la corona de espinas con silueteado que refuerza la pintura de gran factura.
- Luces y sombras modelados con gran precisión.
- El dedo meñique aparece casi esbozado, transparentando la cruz que se encuentra debajo.
- Silueteado y sombreado. Se aprecia gran maestría en la mano derecha en particular.
- El manto presenta: Modelado de luces y sombras, silueteado y parte de sombra sobre él apenas visible al natural.
- ¿Posible escritura?
Todos los barnices virados que opacan nuestra obra desaparecen. Y la perfección que aparentemente no apreciamos surge tal cual está: la corona de espinas en toda su magnitud como casquete real, con todas sus nervaduras, la claridad de pliegues y volutas de los mismos ropajes, el aire que lo envuelve todo, las luces y contrastes en rostro y manos que acentúan matices en venas, musculatura y piel, con luces y sombras distintas, y - sobre todo- la aparición de un anagrama que está en una de las ramas de la sagrada corona detrás de la oreja derecha, según miramos. Parece que firma con una M… o una Fir…, sin duda, un hallazgo que la convierte en obra “excepcional y ¿firmada?”.
Una gran obra en la que prima la sensibilidad de un gran autor sin regodearse en el dramatismo.
Una obra de gran éxito devocional del que se hicieron copias, reduciendo las figuras que aparecen a la única figura de Cristo abrazando a la cruz ante un fondo más oscuro, de gran belleza y de extrema calidad.