Escuela indo-portuguesa. Goa o Hispano Filipino. Siglo XVIII.
“El Emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico”
Figura en marfil esculpido con restos de policromía.
12 x 5,5 x 6,2 cm.
Se adjunta el certificado CITES, de fecha 15/04/2024.
Curiosa y bella pieza en marfil indo-portugués, tallado y policromado que muy probablemente fuera la empuñadura de un bastón de mando.
Determinar quién es ha supuesto una tarea de mayor estudio, comparativa, observación meticulosa, y de lupa. Y dos han sido los rasgos determinantes para bautizarla: la insignia o condecoración de su pecho, es miembro de la Real Orden de Caballería del Toisón de Oro; y los rasgos fisonómicos de su rostro, la caída de los párpados muy de los Habsburgos, su mandíbula inferior tapada con la barba para suplir y matizar esa prominencia y, sobre todo, su nariz aguileña -la más importante-, rasgo nominativo del Emperador (su hijo, Felipe II tenía una nariz muy recta, tal como la vemos en sus retratos de Sofonisba Anguissola) y con el que siempre era descrito en las crónicas históricas de entonces, las realizadas por Alonso de Santa Cruz, historiador español del Renacimiento que en 1539 vivió en la corte de Carlos V de Toledo y donde inició su libro “Astronómico Real”, en el que lo describe al dedillo.
Y los artistas locales como el nuestro eran magistrales en su ejecución, “ad pedem litterae”, para no perder la esencia y las características contempladas en el modelo, grabado, estampa o cuadro de época del que copiaban o se inspiraban.
Vemos al Emperador sentado en montura de cabalgar, un Carlos V ecuestre como el de Tiziano en la Batalla de Mühlberg. Vestido de casaca, tallado con extrema fineza y lleno de detalles: rostro, barba, corona, botas altas de montar y estribos, insignia al cuello, bordados, ribetes y botonadura, y los tonos de su policromía que resaltan mucho las formas y detalles sobre el tono crema del marfil, el tono café y semi-ocre, los grises y negros y el bermellón en la silla de montar o en el terciopelo del capello interior de su corona.
Una pieza elaborada con los materiales y técnicas locales, pues el material empleado para la ejecución de esta pieza era uno muy usado en las colonias de España y Portugal entre los siglos XV y XIX, un bien de lujo adaptado al gusto europeo y creado en los talleres de las colonias existentes.
Hoy en día, los marfiles indo-portugueses son posesiones muy valoradas en museos y colecciones privadas de todo el mundo debido a su fusión de influencias culturales, artesanía experta y contexto histórico. Estos finos objetos no sólo cuentan la historia del intercambio artístico durante el período colonial, sino que también son un testimonio de los orígenes de las redes comerciales globalizadas que dan forma a nuestro mundo actual. Unen culturas y continentes, ofreciendo una visión de la maestría artística e influencias culturales de la era colonial.
En definitiva, un “object d’art” de exquisita colección, un tesoro indo-portugués, un testimonio de una época de exploración, fusión artística y comercio global.