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Isabel de Santiago (Real audiencia de Quito​​​​​​​, circa 1660/1670 - 1714)

LOTE 15

Isabel de Santiago (Real audiencia de Quito​​​​​​​, circa 1660/1670 - 1714)

Estimación
18.000 € / 30.000 €

Remate: 21.500 €

Isabel de Santiago (Real audiencia de Quito, Circa 1660/1670 - 1714)

"Tota Pulchra"

Óleo sobre tela.

77 x 69 cm.

 

Exquisita representación de la Inmaculada ascendiendo a los cielos, rodeada de una corona de flores, con la perfección de un pincel femenino quiteño de renombre, con la sensibilidad de una mujer con mucho gusto al pintar, Isabel De Santiago. Refleja muy bien esta obra el “Tota Pulchra es María”, (Toda Hermosa).

Tota Pulchra es un antigua oración católica escrita presumiblemente en el siglo IV. Es una de las cinco antífonas para los salmos de la segundas vísperas de la festividad de la Inmaculada Concepción, 8 de diciembre. El texto está tomado en parte del Libro de Judit y en parte del Cantar de los Cantares.

Con fondo dorado que habla de la divinidad de la retratada, la artista, con ese gusto del siglo XVII orla con flores la escena, alegrando sin medida la estampa. La que Asciende, Iluminada y Toda Hermosa es el fiel reflejo del texto del Apocalipsis, 12: u1-6, “apareció en el cielo una señal grande, una mujer envuelta en el sol con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza, una corona de doce estrellas".

Una obra de exquisito gusto por el arte reflejado en cada pincelada, pues Isabel de Santiago es hija del famoso pintor Miguel de Santiago, de quien heredaría sus dotes y cualidades para el arte, además de ser una de las poquísimas mujeres que lograron reconocimiento en la época de desarrollo del arte virreinal hispanoamericano. La autora se sintió atraída por la pintura desde muy pequeña, pasión que compartía también con su segundo esposo. Comenzó a formarse y trabajar en el taller de su padre desde la adolescencia. Posteriormente se convertiría en su dueña y  trabajaría allí junto a su esposo. Enviudó a inicios de la década de 1700 y en 1706 continuó pintando hasta el día de su muerte, acaecida en Quito en 1714, siendo enterrada en el Convento de la Merced, cercano a su casa. En este convento es donde se encuentra su obra más conocida, el retrato póstumo que le hizo a Sor Juana de Jesús, monja Clarisa, a la que se le atribuyen comportamientos de santa. 

Este episodio, relatado por el biógrafo Francisco Javier Antonio de Santa María, refuerza el talento singular de Isabel. Tras la muerte de la monja, su esposo Antonio Egas, incapaz de realizar el retrato, delegó la tarea a Isabel, quien logró capturar la esencia de Sor Juana basándose únicamente en su memoria. Este hecho evidencia, no solo la habilidad técnica de la pintora, sino también su capacidad de empatía y comprensión espiritual, cualidades que también se reflejan en nuestra Tota Pulchra, donde la figura de la Virgen exhala una serenidad y majestad inigualables. 

En esta obra que describimos vemos su marca personal, su belleza floral, la luminosidad impresa en cada pincelada y la presencia de pequeños y minúsculos detalles, casi de lupa, siempre presentes en todos sus trabajos. 

Nuestra pintura nos recuerda mucho a tres de sus trabajos, por su especial sensibilidad para abordar los motivos decorativos y el tratamiento de las flores. Nos referimos en primer lugar a “La Virgen de las Rosas”, que pintó para el convento de Santo Domingo, y “La Virgen de las Flores”, que se encuentra en el Museo de Arte Colonial de Quito y en segundo lugar al Arcángel San Gabriel, en el que las flores y la decoración dorada subrayan como en nuestra obra la majestuosidad celestial del personaje. El nuestro es un lienzo digno también de cualquier otro museo. 

El uso del oro de Isabel de Santiago, aplicado en grandes superficies y en detalles minuciosos, confiere a sus obras un brillo inusual incluso dentro del contexto de la escuela quiteña, donde el oro era común pero rara vez utilizado con tanta delicadeza y abundancia.

Su vida, marcada por la humildad y la devoción, refleja la lucha silenciosa pero constante de las mujeres artistas de su época, que lograron trascender las barreras de género y dejar un legado duradero. En Tota Pulchra, Isabel no solo representa a la Virgen como Reina del Cielo, sino que también se revela a sí misma como una artista visionaria, capaz de plasmar una visión profundamente espiritual del arte.

 

Bibliografia de referencia:

- Martín Martín, Inmaculada. (2010). “El pintor quiteño Miguel de Santiago (1633-1706)”: Universidad de Sevilla.

- Martín Martín, Inmaculada. (2007). “Leyendas de un artista. A propósito del pintor quiteño Miguel de Santiago”. Publicado en: “De Arte” N.º 6.

“Isabel de Santiago: una pintora quiteña del siglo XVII” Inmaculada Martín Martín.Publicado en: “De Arte” N.º 7, 2008.

- Escudero-Albornoz, Ximena y Escudero de Teránz, Ximena. (1992). “América y España en la escultura colonial quiteña: historia de un sincretismo”. Ediciones del Banco de los Andes.

- Borchart de Morenoz, Christiana Renate. (1998). “La Audiencia de Quito: aspectos económicos y sociales (siglos XVI-XVIII)”. Editorial Abya Yala.