Atribuido a Marcos Zapata Inca (Cuzco, Perú, circa 1710 - 1773)
"Presentación del Niño Jesús en el templo"
Óleo sobre tela.
79 x 109,5 cm.
Marcos Zapata es conocido por obras que capturan la rica tradición religiosa del Perú colonial. Entre sus trabajos más destacados se encuentra el monumental lienzo de La Última Cena (1753), que adorna el refectorio de la Catedral de Cuzco. Esta obra es famosa por la inclusión de elementos locales, como el cuy, que sustituye al cordero tradicional, un detalle que refleja cómo los artistas cuzqueños adaptaban iconografías europeas a su contexto andino.
Otro ejemplo importante es la serie de pinturas sobre la vida de San Ignacio de Loyola, ubicadas en la Iglesia de la Compañía de Jesús en Cuzco. En particular, la obra “San Ignacio venciendo a los herejes” comparte varias características con la “Presentación del Niño Jesús en el Templo”, especialmente en la composición de los interiores. Ambas pinturas presentan decoraciones arquitectónicas similares, con columnas monumentales, cortinajes y una distribución del espacio que refuerza la solemnidad del evento representado. La manera en la que Zapata dispone a los personajes dentro de un espacio delimitado y estructurado contribuye a crear una sensación de profundidad y teatralidad, elementos fundamentales del barroco andino.
Por otro lado, la comparación con “La Muerte de la Virgen”, otra obra atribuida a Zapata y conservada en Bolivia, refuerza la atribución del presente lienzo. El rostro de la Virgen en ambos cuadros presenta un modelado casi idéntico: facciones delicadas, mirada apacible y una expresión serena que denota una sensibilidad devocional propia del barroco cusqueño. La forma en la que el pintor representa a la Virgen, con una inclinación leve del rostro, ojos almendrados y labios sutilmente delineados, es una constante en su producción y permite establecer un vínculo directo entre ambas obras. No es caso contrario la similitud en la paleta de colores y entre el resto de personajes de las dos obras, pues la forma de realizar las carnaciones, los perfiles y los cabellos es prácticamente idéntica.
El análisis comparativo con otras obras firmadas o atribuidas a Zapata refuerza la cohesión estilística de su trabajo y permite ubicar esta obra dentro del corpus del pintor, caracterizado por un meticuloso tratamiento de los rostros, la estructuración de los espacios arquitectónicos y la incorporación de elementos teatrales en sus composiciones
En términos iconográficos, la escena que se representa se encuentra plasmada en un solo primer plano de profundidad y se desarrolla en el interior de una amplia habitación, con una grada cubierta con un rojo mantel o alfombra, y ennoblecida con un amplio cortinaje de color rojo, al fondo, a la izquierda, que cuelga de la parte alta, un elemento común en el barroco para indicar la presencia de lo sagrado. El uso del dorado, especialmente en las vestiduras y los halos, es otro indicador del barroco cuzqueño, donde el oro no solo embellece la obra, sino que simboliza la luz divina que emana de las figuras sagradas. En todos estos detalles ornamentales se observa la mano de un maestro como Zapata.
Casi al centro de la composición queda el Niño Jesús, cuyo cuerpecito totalmente desnudo es ofrecido a Dios por el anciano Simeón, quien, ricamente ataviado como sacerdote judío, eleva su mirada, al tiempo que lo sostienen sus brazos con un paño blanco, símbolo de respeto. A su derecha se encuentran la Virgen y San José. Ella está bajo la primera grada, arrodillada de tres cuartos con la cabeza de frente y los brazos abiertos. San José, a espaldas de María, tiene también los brazos abiertos, sosteniendo en un cestillo la ofrenda de las dos tórtolas o pichones, destinadas como holocausto voluntario u ofrenda de expiación, que representan la unión del Antiguo y Nuevo Testamento de la Biblia, en Levítico 5.11. A la izquierda del sacerdote judío se encuentra un monaguillo en edad adolescente, sosteniendo un cirio, iluminando la liturgia, con indumentaria a la manera de las ceremonias católicas del tiempo del pintor. Al fondo a la derecha, posiblemente el artista intentó imaginar el ámbito del templo de Jerusalén, plasmando parte de su interior donde se encontraba Simeón y parte de su exterior, recordando una iglesia cristiana. En la parte superior, una entrada de Gloria, en cuyo centro se abren las nubes para dejar ver la paloma del Espíritu Santo envuelta en un vivo resplandor, cuyo halo de luz dirige la mirada del espectador hacia el Niño Jesús.
Esta escena, que en este caso también incluye la figura de la profetisa Ana contemplando el acontecimiento, está narrada por el evangelista Lucas (2,22-39), y está destinada en la Sagradas Escrituras a recordarnos que el Hijo de Dios, que había venido a traer la Ley Nueva había querido someterse primero a la Ley Antigua, pasando el rito de tantos judíos. “De acuerdo con lo prescrito en la ley de Moisés, al cumplirse los días de la purificación, llevaron al Niño a Jerusalén para presentarlo al Señor”.
Es muy importante tener en cuenta la fusión de dos motivos que se dan en esta escena, la consagración al Señor del Hijo recién nacido y la purificación de María en el templo, después de haber dado a luz según el rito judío. En caso de no hacerlo, ella era considerada impura tras dar a luz a un hijo varón.
En definitiva, presentamos un cuadro atribuido a Zapata que refleja muy bien y de forma sencilla y devocional el “cántico de Simeón”, ese momento en el que “proclamó que aquel Niño era la salvación, la luz de todas las naciones y la gloria del pueblo de Israel, y pidió a Dios que lo dejara morir, pues ya había tenido la alegría de ver al Mesías.”
Bibliografía de referencia:
- Cánepa Koch, Gisela. (1998). “Máscara, transformación e identidad en los Andes: la fiesta de la Virgen del Carmen, Paucartambo–Cuzco”. Pontificia Universidad Católica del Perú.
- Cornejo Bouroncle, Jorge. (1992). “El sincretismo religioso en el arte colonial peruano”. Universidad Nacional de San Agustín.
- Gisbert, Teresa. (1999). “Iconografía y mitos indígenas en el arte”. Editorial Gisbert.
- Mujica Pinilla, Ramón (2001). “La imagen transgredida: ensayos de iconografía peruana y sus políticas de representación simbólica”. Fondo Editorial del Congreso del Perú.