Pintor del ámbito andino. Virreinal. Siglo XVIII.
"Santa Bárbara"
Óleo sobre tela sin bastidor, claveteada al marco y con protegida por un travesaño.
130 x 96 cm.
Conserva su marco en madera tallada, dorada y policromada de la época.
Claramente el autor de esta bella composición recibe la influencia de Francisco de Zurbarán.
La Santa vuelve su rostro hacia la luz Divina que aparece por el ángulo superior izquierdo, iluminando su bello rostro. Viste ricos ropajes y porta joyas que la embellece, collar, pendientes y tres originales adornos en sendos moños en los que recoge su melena.
Porta sus dos atributos característicos, la palma del martirio en la mano derecha y la izquierda la torre que construyó su padre para encerrarla, con “los tres ventanucos” que la ayudaban a recordar y venerar a la Santísima Trinidad.
La vida de Bárbara se sitúa en Nicomedia, en la Península de Anatolia, a finales del siglo III d. C. y principios del siglo IV.
De gran inteligencia, fue hija de Dióscoro, un rico hombre pagano. Con sus lecturas y estudios se cuestionó su paganismo, y por sus inquietudes religiosas, fue instruida por Orígenes en el catecismo y se convierte a la fe cristiana.
Por su belleza física no le faltaron pretendientes, pero se conservó virgen para consagrarse a Dios. Su padre, celoso, mandó construir una torre para encerrarla y, en uno de los viajes, ella misma mandó a los obreros a construir una tercera ventana, (sólo tenía dos) para honrar a la Santísima Trinidad. Muy torturada, pero asistida y cuidada desde el cielo, no muere, y como se niega a adorar a los dioses paganos, su padre le corta la cabeza.
Tras decapitarla, su padre fue fulminado por un rayo y no quedó rastro de su cuerpo.