Atribuido a Antonio Sinchi Roca (1685-1710) o a Melchor Pérez Holguín (Cochabamba, Bolivia, 1660 - Potosí, 1732)
“San Gregorio Magno escribiendo inspirado por el Espíritu Santo”
Óleo sobre tela.
128,5 x 102 cm.
Dos son las hipótesis que nos surge tras el estudio de esta magnífica pintura y mediante las comparativas que enumeraremos a continuación nuestra ficha.
Encargo para devoción y culto en convento, iglesia con pública veneración, o para un rico terrateniente y su casa o capilla particular.
Clara y serena representación de San Gregorio, uno de los 4 doctores de la Iglesia Occidental, junto con san Jerónimo, san Agustín de Hipona y san Ambrosio, representado con un rico vestido episcopal y mitra, mientras recibe la inspiración del espíritu santo.
Por una parte, encontramos en nuestra obra suficientes paralelismos con el San Gregorio Magno del pintor indígena Sinchi Roca, que se encuentra en La Catedral de Cuzco, Perú.
Aunque la posición del santo difiere, los rasgos fisionómicos, la capa y su ornamentación, así como el mobiliario de la escena nos permiten la hipótesis.
Por otro lado, los paralelismos de nuestra obra con dos pinturas, ambas en la colección del Phoenix Art Museum, Un San Agustín de Hipona y precisamente un San Gregorio Magno, como nuestro personaje. En ambas pinturas y en la nuestra son coincidentes los característicos rostros demacrados y de mejillas hundidas, huesudas que vemos en la obra de esa época de Pérez Holguín, con ese tono de piel macilento y gris. Son iguales también los ropajes, la capa del santo, en tonos rojos y cuajada de flores propias del país.
Como indica la web ARCA “Fue un pintor indígena nacido en el pueblo de Maras que se encargó de trabajar la pintura barroca cusqueña y de difundirla en el siglo XVII. Mucha de su gran producción pictórica puede ser encontrada en la Catedral del Cusco: las series de los Profetas, los evangelistas, los Padres de la Iglesia y los Sacramentos”.
En nuestra opinión, nuestro artista se inspiró a través de los grabados que llegaban de Europa al nuevo mundo, en el San Gregorio que Carlo Saraceni pintó circa 1600, ya que de entre otras representaciones del santo, esta es sin duda la más cercana.
La adaptación de esta advocación a un contexto novohispano es evidente en esta pintura, donde se observan signos claros de sincretismo y reinterpretación cultural que incorpora elementos de la iconografía indígena y mestiza.
Lo más destacado, además del rostro más moreno y de rasgos indígenas de este San Gregorio, son los maravillosos elementos decorativos de gusto cuzqueño, repleto de flores de gran cromatismo, con el ánimo de hacer la imagen más accesible a los fieles locales. Estos colores, utilizados con gran habilidad para generar contraste y profundidad, son característicos de talleres cuzqueños. En nuestra obra, más allá del tratamiento técnico, la iconografía refuerza su función devocional, claramente a través de la teatralidad y el impacto visual.
Por su parte Holguín fue uno de los más importantes pintores del barroco mestizo virreinal, de la que se llamó Escuela de Potosí que se desarrolló en los años 1700 - 1790. Fueron características el tenebrismo y la influencia de Zurbarán. En su obra abundaron los trabajos realizados para los franciscanos y los dominicos.
Nacido en Cochabamba, Bolivia y fallecido en Potosí.
Como indica Suzanne L. Stratton-Pruitt, a pesar de que Holguín conocía por supuesto la obra cuzqueña diseminada y estilísticamente de gran influencia en el Alto Perú, su obra es muy personal, y está algo alejada de ese estilo, aunque adopta algunos elementos comunes en la pintura de Cuzco, como son las orlas florales.
Respecto al efigiado, cabe destacar que San Gregorio durante los catorce años de su papado, realizó una importante transformación ética y moral en la Iglesia. Aconsejaba leer las Sagradas Escrituras, no para tener control sobre ellas, sino como alimento para el alma, combinando el aprendizaje con la oración.
Mientras Italia se encontraba en uno de los momentos más sombríos de su historia, marcado por escasez y una notable anarquía, emergió la figura de san Gregorio I (540-604), apodado Magno. Durante los catorce años en que fue papa, llevó a cabo una importante reforma moral en la Iglesia y desempeñó un papel fundamental como pacificador en la etapa más crítica de la invasión de los longobardos.
Bibliografía de referencia y fotográfica:
- BENAVENTE, Teófilo y Alejandro Martínez. Historia del arte cusqueño: pintores cusqueños de la colonia. Cusco: Municipalidad Provincial del Cusco. 1995.
- https://arcav1.uniandes.edu.co/artworks/5468#