Escuela novohispana. Siglo XVIII.
"Retrato de un clérigo católico principal N. N. en “Tierra de Misión” (Nueva España)”
Óleo sobre tela adherido a cartón.
80 x 63 cm.
Nuestro autor, con gran maestría y detalle, nos presenta un sorprendente y psicológico retrato de un presbítero “principal” vestido de blanco, de frente, con mirada penetrante-casi escrutadora, pero un N. N.
Y empezamos desglosando cada palabra de nuestro título.
“Presbitero”: el único distintivo eclesiástico que fundamenta nuestra afirmación es su “solideo negro”. No lleva un pectoral o cruz colgante, o lo vemos de sotana. Sí, un presbítero puede llevar solideo negro. Es el color correspondiente a su rango, mientras que el púrpura es para los obispos, el rojo para los cardenales y el blanco para el Papa. Forma parte de su hábito talar tradicional, aunque su uso ha disminuido tras el Concilio Vaticano II. El solideo (o zucchetto) negro representa su compromiso sacerdotal y su ministerio. Puede utilizarse junto con la sotana, formando parte de la vestimenta eclesiástica, tanto dentro como fuera de las celebraciones litúrgicas, siendo más frecuente en el ámbito de la vida diaria o el hábito piano (vestuario formal para actos solemnes).
“Un N. N.”: (“Nomen nescio”, “de nombre desconocido”), iniciales en latín para referirse a alguien indeterminado o sin una identidad específica, ya que desconocemos su nombre real, pues el autor de la obra omitió un escudo de apellido familiar, una carta en su mano datada y nominada, o un faldoncillo bajo donde nos relatara cuál es la identidad del personaje que nos mira.
“Tierra de Misión”. Nos sorprende verlo en público y para ser retratado “vestido de blanco”, un color usualmente reservado para el Sumo Pontífice.
Pero existen dos excepciones que permiten a los clérigos vestir de blanco a diario: encontrarse en “Tierra de Misión” y estar en zonas tropicales muy cálidas, donde el color blanco ayuda a soportar el calor. En ambos casos, la única regla para mostrar respeto al Papa es que los clérigos acompañen la sotana blanca con los detalles del color atribuido a su rango (el solideo negro), quedando reservado el blanco total para el Sucesor de San Pedro.
El pintor detalla que se trata de una tela blanca, casi transparente, hilo o lino, una sotana con capa de viaje, fajín brocado y botonadura, puntillas en el cuello romano, guantes y un sombrero de teja bajo el brazo, usado por el clero católico.
“Principal”. El autorretrato de sacerdotes y figuras religiosas en la América colonial (siglos XVI-XVIII) no era una práctica común de vanidad personal, sino una herramienta artística y teológica fundamental, para consolidar su autoridad en las diócesis, reflejando así su poder político y religioso.
En definitiva, un retrato con características atípicas, pero que nos ayudan, un poco más, a comprender -con sorpresa- pormenores litúrgicos y específicos de la Iglesia católica, y a no sacar conclusiones rápidas de que se trata de licencias personales del pintor o gustos particulares del retratado.