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Escuela virreinal. Perú. Siglo XVIII.
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Escuela virreinal. Perú. Siglo XVIII.

LOTE 85

Escuela virreinal. Perú. Siglo XVIII.

Estimación
3.000 € / 4.000 €

Escuela virreinal. Perú. Siglo XVIII.

"Virgen de Montserrat"

Óleo sobre tela. 

64 x 45 cm.

 

Seguro que un encargo de un catalán o rico terrateniente descendiente de éstos, o bien una Hermandad con su nombre, solicitó que le pintasen a “su Virgen” para devoción particular, para una capilla pública, para ser donada a una gran Iglesia local como promesa “a la Mare de Deu”.

Nuestro pintor virreinal nos pinta a La Moreneta sin estarlo, tal como fue concebida al principio según los expertos, con variaciones sobre la talla que conocemos, al modo y estilo de una Virgen Sedente, pero más “libre”, con los cánones del XVIII y no del siglo XII.

Nuestra Virgen de Monserrat aparece en su sede, con cojín bermellón a sus pies, en terciopelo, sin marcar una distancia “insuperable” de soberana mandona, sino más bien con una mirada tierna y acogedora, que nos invita a acercarnos, a mirarla y a rezar.

Sostiene un orbe en su mano derecha, coronado por un lirio, simbolizando “que Ella misma reina y protege todo el orbe” (universalidad), frente a la talla original catalana que sólo posee la esfera.

Sostiene a su Hijo de lado, no sentado de frente bendiciendo con su mano derecha como en la talla, que juega y aprieta con sus dos manos una sierra, haciendo clara alusión a la advocación de su madre, “monte serrado”, las colinas que los rodean.

Vestida con su manto apocalíptico que “arrastra y lleva consigo todas las estrellas del firmamento”, engalanada de fiesta con flores en su cabello, es presentada como tantas Vírgenes venidas de Europa, con rostro blanco (tal como fue al principio), quizá para distinguirla de las suyas, más morenas.

La leyenda nos cuenta que la primera imagen de la Virgen de Montserrat la encontraron unos niños pastores en el año 880. Tras ver una luz en la montaña, los niños encontraron la imagen de la Virgen en el interior de una cueva. Al enterarse de la noticia, el obispo de Manresa intentó trasladar la imagen hasta esta ciudad, pero el traslado fue imposible ya que la estatua pesaba demasiado. El obispo lo interpretó como el deseo de la Virgen de permanecer en el lugar en el que se la había encontrado y ordenó la construcción de la ermita de Santa María, origen del actual monasterio.

En una historia más reciente, durante la Guerra de la Independencia, que supuso la invasión de parte de España por parte de tropas francesas en 1808, el Monasterio de Monserrat fue profanado y la imagen de la Virgen fue trasladada a Barcelona para evitar su destrucción.   La imagen estuvo primero en la catedral y después en la Iglesia de San Miguel. ​ En 1824, el nuevo gobierno permitió su regreso a Montserrat y la reconstrucción del monasterio. Sin embargo, el cambio político, la supresión de órdenes religiosas y las desamortizaciones obligaron de nuevo a la Virgen a estar ausente de su Santuario hasta 1844, cuando se restableció de nuevo su culto.

Desde épocas remotas la Virgen estaba vestida con lujosos mantos de tela y grandiosas coronas de oro, pero todo ello fue expoliado por los milicianos republicanos durante la Guerra Civil española. Tras el final de la contienda, la imagen se presentó con su aspecto original románico, despojada de vestidos y accesorios, que es como actualmente se muestra.

 

La Virgen de Montserrat, conocida como “La Moreneta”, era originalmente blanca, según confirman estudios radiológicos, realizados en 2001.

Su tez oscura no es el color original, sino el resultado de la degradación del barniz a lo largo de siglos, sumándose al humo de sirios e incienso, y un repintado negro en el siglo XIX.