Escuela virreinal. Cuzco. Siglo XVIII.
"Santa Elena Reina"
Óleo sobre tela. Presenta márgenes añadidos y un parche al dorso.
116 x 76 cm.
En el margen inferior izquierdo, porta manuscrito el nombre de la representada: "S Elena Reyna".
Al modo de una de las santas de Zurbarán, pero con todas las características claras de la pincelada cuzqueña, con proporciones y virtuosismo, nuestro pintor virreinal nos presenta a una de las grandes santas de la Iglesia Católica, la reina Santa Elena. Una obra creada para algún convento, institución caritativa, religiosa y/u hospitalaria, en la que se pretende cumplir una funcionalidad religiosa, decorativa y persuasiva al incitar con su belleza y sentido escenográfico a la oración y, por consiguiente, a la devoción.
En nuestra obra, recamados y brocatelas, puntillas y fajines, bordados y remates de falda, encajes y puñetas, destacan y muestran un elevado detallismo y fineza, muy propios de los pintores de la imaginería, a pesar de las pérdidas pictóricas, fácilmente suplibles.
Sobre fondo paisajístico y arbóreo, se presenta a la madre del emperador Constantino portando La Reliquia, el Lignum Crucis, el verdadero madero en el que estuvo clavado Jesucristo. La santa aparece en el cuadro vestida de reina, con corona regia, portando cetro y capa real, peinado capilar ataviado de una hilera de perlas, sumergida en un paisaje andino, que no sólo le aporta profundidad, sino que la hace más cercana a la religiosidad popular.
Santa Elena, en el siglo IV, decidió viajar a Tierra Santa para buscar la Santa Cruz sobre la cual murió Cristo y encontró mucho más que eso.
Según indica la tradición, los obreros que acompañaron a la santa realizaron excavaciones en el Monte Calvario, donde encontraron la Santa Cruz, además de otras reliquias relacionadas con Él (la Escalera Santa, los clavos de Jesús y el “Titulus Crucis”; la santa Túnica, un fragmento de la Cuna, etc).
Escritores antiguos como San Crisóstomo y San Ambrosio narraron que, después de realizar muchas excavaciones, se encontraron tres cruces. Sin saber cuál era la de Jesús, trajeron hasta el monte Calvario a una mujer agonizante, y al tocar dos de las cruces, ella empeoró. Pero con la tercera Cruz, la enferma se recuperó instantáneamente.
El entonces obispo de Jerusalén, Macario I, Santa Elena, y miles de fieles, llevaron la cruz en procesión por las calles de la ciudad. Y desde entonces recibió pública veneración.
Actualmente, un trozo de ese verdadero madero se conserva en la ciudad de Caravaca de la Cruz, en Murcia (España), y otro fragmento de la Veracruz se encuentra en la Catedral del Niño Jesús, en la ciudad de Alepo (Siria), además de infinitas partículas minúsculas repartidas por todo el orbe.