Atribuido a Gregorio Gamarra (Cuzco, Perú, circa 1570 - 1642)
"Virgen Inmaculada"
Óleo sobre cobre
22,5 x 17 cm.
Comparativa de nuestra Inmaculada en cobre, del pintor español Gregorio Gamarra activo en el Virreinato de Perú, con la del toledano Fray Juan Sánchez Cotán, hoy en el Museo de Bellas Artes de Granada, dos Inmaculadas que se hacen una, pues creemos una sirvió de modelo a la otra.
Sin duda pensamos que Gregorio Gamarra al pintar este cobre se inspiró en la de Sánchez Cotán, pintada sobre tela, para la Cartuja de la Asunción de Granada entre 1617 y 1618. Así pues, nuestro cobre lo podemos datar, más o menos, en el primer cuarto del siglo XVII.
El cobre y el lienzo representan a la Virgen como una niña de doce o trece años, de larga y dorada cabellera en actitud orante, modelo habitual en la época contrarreformista en la que fueron pintadas. Plasman el prototipo iconográfico inmaculado denominado la “Tota Pulchra”, la “Toda Hermosa”.
Encontramos leves diferencias en el atuendo y miradas: la de Gamarra mira de frente, estableciendo un contacto visual y comunicativo con quien la disfruta: su pequeño formato es para devoción personal, para estar en nuestras manos y ser mirada sin distancias, nos hace contemplarla como una estampa religiosa; mientras que la mirada de la del toledano es levemente caída, humilde y mística, inclinada para poder ser contemplada desde abajo por los monjes, colgada en alto en la Cartuja por sus dimensiones, de igual modo, pues, nos mira de frente, pero al nivel del suelo donde nos encontramos, donde también se nos haría sentir su comunicación amorosa y directa, su penetrante y callada mirada.
En cuanto a sus atuendos, estos responden a los colores propios utilizados por una simbología preestablecida: las dos poseen el manto de un intenso azul celeste, el color de la eternidad; así sus túnicas varían, la nuestra es roja, marcando la humanidad de Jesús al que ya porta en su vientre (es un laico el que pinta, por eso marca su humanidad), frente a la túnica de la Virgen del fray, de color jacinto, el color de la pureza: su pintor es monje y enfatiza la virginidad y castidad como uno de los votos que vive como lego entregado, una virtud que se pide como don y se regala desde el cielo.
La simbología que rodea a ambas figuras procede de las Letanías Lauretanas, fundamentalmente alegorías del libro del Cantar de los Cantares, y de otras imágenes redactadas a partir de la patrística y de otros santos padres de la Iglesia.
Mientras esas alegorías generalmente rodean como un arco a la Virgen en los cuadros de la época, en estas dos obras se sitúan casi en su totalidad en la base, donde se asientan las figuras ascendentes.
Todos esos elementos son simbólicos y proclaman las Glorias de María, a la vez que hacen referencia a su carácter divino y a su pureza:
- “la Paloma del Espíritu Santo”, las dos imágenes bajo ella: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra…”, una paloma de plumas blancas que “eleva la mente a la pureza de Dios”. Además, en la de Gamarra aparecen las otras dos figuras de la Santísima Trinidad, Hijo y Padre y no lo hacen, aparentemente, en la que comparamos. Decimos 'aparentemente' porque no podemos olvidar que según la doctrina católica nombrar a una es nombrar a las tres, cosa que el monje conocia teológica y perfectamente (Tres en Una).
María Inmaculada es escogida por:
- “Blanca y resplandeciente (refulgente) como el sol, hermosa como la luna”;
- “Estrella, estrella matutina o estrella del mar”, metáfora de la esperanza que tiene el que vive en tinieblas y ansía llegue el día, la de los Reyes Magos que la ven como guía, la que nos guía “en el mar de la vida” y nos guía a Cristo; (sólo presente en la Virgen de Sánchez Cotán, debajo de la luna);
- “Espejo sin mancha” (en ambos: en el suelo o justo en frente de la estrella, mimetizada con el cielo);
- “Puerta del cielo (al final de las escaleras, a la derecha, en el cobre; o a la izquierda, bajo el espejo, en la tela);
- “Escalera de Dios, o Escala de Jacob”, para simbolizar que María es la oyente que permite el descenso de Jesucristo a la tierra y que a su vez facilita el ascenso espiritual de los fieles al cielo;
- “el Árbol” (en distintas versiones botánicas): “saldrá un árbol del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará”; “quasi… Ciprés, …Palma, …Olivo y …Cedro”, (los cuatro presentes en las dos obras);
- “la Fuente de los huertos”; ”pozo de aguas vivas, corrientes que del Líbano fluyen”;
- “el Pozo de aguas vivas”, símbolo de encuentro y lugar de la abundancia;
- “Hortus conclusus o Jardín cerrado”, cuya imagen alude también a la virginidad de María y a la ausencia de pecado;
- “Lirio” y “Azucena”(el lirio sólo presente en Sánchez Cotán, a la izquierda delante de la palmera), “como lirio entre los cardos, así es amada entre las mozas”. Tanto los lirios como las azucenas (presentes en las dos) significan su ser virginal y su concepción sin mancha de pecado.
- “Templo De Dios”, "sois templos del Espíritu Santo” (solo en la nuestra);
- “Ciudad”, “Glorias se dicen de ti, Ciudad de Dios” (en ambas, al fondo);
- la “Torre”, María como “Torre de David porque Ella es el vaso incorrupto para continuar el linaje de aquel rey”;
- la “Rosa”, “como un plantel de rosas en Jericó”, la reina de las flores, que es símbolo de caridad porque ésta es la reina de las virtudes (en las dos obras pintadas de la misma manera).
Finalmente, ambas fueron pintadas para ser contempladas, una por humanos de a pie (la nuestra) como lo somos todos, con un fondo y un horizonte azul, lleno de alegría; la otra, por humanos “consagrados”, con un fondo iluminado por un foco celeste, el destino y sentido final de su consagración y sus votos, pero ambos humanos acompañados por la Virgen que es sola y una con todos. Sin duda, la misma, matizada por el pincel de dos artistas, donde uno se guió por el otro haciéndola suya.
En cuanto al autor al que atribuímos el cobre, Gamarra fue uno de los pintores más importantes de Cuzco y del círculo de Bernardo Bitti. Quizás el mejor ejemplo que personifica la transición que sufre el estilo Bitti en los Andes. En éste cobre todavía vemos la influencia de Bitti en los primeros años de Gamarra en los que su estilo es principalmente manierista.