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Escuela novohispana. Siglo XVIII
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LOTE 91

Escuela novohispana. Siglo XVIII

Estimación
300 € / 900 €

Remate: 375 €

Escuela novohispana. Siglo XVIII.

"1540: Aprobación de la Compañía de Jesús como orden religiosa, ante la 'presencia' de Santa María Magdalena de Pazzi"

Óleo sobre cobre.

30 x 24 cm.

Se condensa en este pequeño cobre muchos hechos históricos de relevancia, así como deseos oníricos que abren una puerta a las especulaciones sobre el sentido de la pintura misma.

 

De fino trazo, pese a las pérdidas, vemos un cobre de formato devocional que está inspirado y reproduce la escena principal de un clásico de la pintura barroca italiana, que se encuentra en la Iglesia del Gesu' de Roma. En ese cuadro, Paulo III aprueba la Compañía de Jesús (27 de septiembre de 1540) ante su sobrino cardenal Alejandro Farnesio y ante otros primeros compañeros del santo fundador. Asimismo, San Ignacio, con cabeza genuflexa, aún sin ser el Primer General de la orden (sería en 1541), entrega al Papa una copia de las Constituciones (en otras versiones, recibe un tubo papal con la Bula afirmativa de la aprobación).

En nuestro cobre, en cambio, en el sitio en el que está Alejandro Farnesio aparece María Magdalena de Pazzi. Así pues, en una estancia con cortinaje y baldaquino, vemos al Papa y San Ignacio, hablando amistosamente, mirándolo a la cara, “in sacra conversatione”, como si le presentara a la carmelita que está presente, María Magdalena de Pazzi, cosa imposible, pues San Ignacio muere en 1556 y ella nace 10 años después. En el cuadro, pues, pese a no haberse conocido nunca, se reúnen dos grandes figuras místicas de la Contrarreforma católica.


Pero esta anacrónica pintura va más allá, uniendo la gran influencia que la Compañía ejerció en ella al entrar a sus 16 años en el Carmelo de Florencia, con su dimensión universal de intercesión por la Iglesia y sus ministros (los jesuitas, en este caso), buscando la perfección dentro de su vida de entrega. Y también se representa la unión de dos almas místicas con el mismo deseo de reformar desde adentro y muy hondamente la Iglesia de entonces: una encerrada en su convento con su oración y sacrificio, otro con su vida de apóstol y director de una orden de hombres entregados con un carisma singular.

En nuestro cobre la Santa florentina ocupa un lugar central y reverencial, también visual, del momento que se vive, con importancia eclesial, como la tuvo el cardenal sobrino Farnesio ante el Papa y San Ignacio. Ella porta el callado o báculo de priora y las rosas, por su vida mística, que simbolizan las virtudes de la oración y pureza, el sacrificio, la reparación y la penitencia.
Santa María Magdalena de Pazzi (Florencia, 1566 - 1607) nacida como Caterina, fue enviada a un convento a los 14 años, aunque su familia la hizo volver para casarla con un noble, cosa que al final no sucedió. Finalmente su familia accedió a los deseos de Caterina y dejaron que profesara vida religiosa.
Con 16 años, escogió la orden de las monjas carmelitas de la antigua observancia, ingresando en Santa María degli Angeli (San Frediano in Cestello), Florencia, donde tomó el nombre de María Magdalena. Era un convento muy austero, que caracterizó y marcó su vida con la práctica continuada de la oración, la penitencia y la caridad hacia los necesitados.
Se hizo conocida por diversas experiencias místicas, como éxtasis o raptos, que sólo se interrumpían por la asistencia a las horas del Oficio Divino o la Eucaristía. Estas experiencias eran recogidas por las monjas, que escribieron las palabras que Magdalena dictaba cuando era transportada, en estados alterados de conciencia. Su amplia obra escrita revela un estilo de vida lleno de vigor y oralidad.
Se encargó de acoger a los jóvenes que iban a los hospedería y entre 1589 y 1607 formó a las novicias. Llegó a ser subpriora del convento hasta su muerte.

Y varias hipótesis quedan abiertas al contemplar esta pequeña obra: ¿fue el tema de la pieza una locura del artista, devoto de ambos santos o del que la encargó?; ¿fue un encargo para un jesuita italiano florentino, con mucha devoción a la mística carmelita?; ¿o se trata quizás de un regalo para un carmelita que sigue la estela de esta santa, que admira la entrega de esta orden sacerdotal, y se acompaña y dirige con ellos?

Más allá de estas conjeturas, nos quedamos con la mera estética de amantes del arte al contemplarlo, que nos sigue inspirando sueños y fomentando nuestra especulación intelectual, cuestionándonos e inspirándonos.