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Escuela italiana. Posiblemente Siena. Siglo XIV.
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Escuela italiana. Posiblemente Siena. Siglo XIV.

LOTE 6

Escuela italiana. Posiblemente Siena. Siglo XIV.

Estimación
25.000 € / 40.000 €

Remate: 27.000 €

Escuela italiana. Posiblemente Siena. Siglo XIV.

"Santa Marta y el dragón”

Témpera sobre tabla.

36 x 19 cm.

Porta manuscrito al dorso: "Corisco 28 de Nbre. 1871".

 

En esta exquisita pintura del Trecento italiano, se nos representa una figura casi natural, con toques bizantinos, que empieza a hacerse tridimensional, y que nos muestra una emoción humana en rostro y manos (mirada al cielo de petición y agradecimiento y gestualidad de manos unidas en oración). Una pintura idealizada, una figura elegante con fondo dorado que muestra su magnificencia, su grandeza de “deidad”, o de elevada al cielo por sus virtudes y obras.

Dos interpretaciones iconográficas posibles, una sola elección.  Al aparecer un dragón alado y pisado a sus pies podría tratarse de Santa Margarita de Antioquia o también de Santa Marta de Betania, ambas representadas con “el mal pisado y derrotado” bajo sus figuras. Pero Santa Margarita carece de la palma del martirio, el cuño definitivo que la expone como la mártir del dragón, que se la tragó, pero no pudo hacerla digerible, y la volvió a vomitar viva.

Por otro lado, hay que tener presente que en Italia, cuna de esta obra, es más representada y mencionada Santa Marta, tanto por fuentes oficiales (desde la historia y la religión), como por fuentes de la cultura popular. Y no podemos olvidar que Santa Marta de Betania está en la Biblia, lo que hace que se represente mucho más en la imaginería y pintura religiosa, en el arte y en la vida cotidiana.

Con claros toques de la pintura de Siena, esta Santa Marta pintada, presenta un toque más lírico y estilizado, como un verso aún dentro del arte gótico, por el uso continuado del fondo dorado, como un verso delicado lleno de preciosismo en sus detalles.

Una leyenda medieval cuenta que los santos hermanos Lázaro, Marta y María de Betania se fueron a vivir a la Provenza francesa (sureste de Francia que limita al este con Italia) después de la resurrección del Señor y que fueron los evangelizadores de la zona.

Con motivo de la fiesta de esta santa, se llama a ese dragón la "tarasca" o el "tarascón" de santa Marta, personaje muy popular en el folklore antiguo y presente en muchas representaciones artísticas, como símbolo del mal, siendo parte integrante de muchas procesiones (especialmente el día del Corpus Christi) y fiestas populares hasta el presente.

Cuenta la leyenda que en el término de Tarascón había un dragón que aterrorizaba a la ciudad. Además de echar fuego por la boca, tenía seis patas, cuerpo de oso con caparazón de tortuga a las espaldas y alas, y cola terminada en aguijón venenoso.

Santa Marta lo venció derramando agua bendita sobre él, lo encadenó y lo convirtió en un animal de compañía. Por eso se la representa muchas veces con un calderillo y un hisopo en las manos y con un dragón a sus pies.

La escuela de Siena mantiene una mayor fidelidad a la tradición bizantina de pintar figuras más estáticas, como instantáneas de fotografías, y mantener sus fondos dorados, sin renunciar nunca a cierta elegancia gótica.  Un “picado de lustre” marca el nimbo o aureola de la Santa, diferenciándose claramente del fondo más plano.

Existe gran cuidado y detallismo en sus ornamentos, especialmente la túnica brocada y floreada, o el ribete calado y dorado del galón que circunda su capa.  Una gama de color subjetiva, muy de los colores tierras de Siena, que le proporcionan una notable expresividad lírica a esta composición, que la mantienen “suspendida en el misterio de lo religioso”. Y una exquisita textura y acabado de la piel en rostro y manos.

Línea, color y elegancia enfatizan la perfección de esta obra, con un estilo más amable, suave y decorativo, valorando toda su belleza y expresión espiritual, mostrándonos una nueva sensibilidad.